SEMANA DE INDUCCION

UNIVERSIDAD DE CARABOBO FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACION

 

BASES TEORICAS DE LA EDUCACION PARA EL TRABAJO Lic. Yanett Polanco Borges.

INTRODUCCION

 

A nadie escapa que el problema relativo a la importancia de la Educación para el trabajo en la vida del país trasciende de la connotación meramente económica. El trabajo, entendido como la más importante de las actividades humanas, responde no solo a vitales necesidades de subsistencia,  sino  también  de  sociabilidad,  de  expresión  del  hombre  y  de  autorrealización personal y profesional.

La Educación para el Trabajo fundamentada en una visión integradora del trabajó, patentiza lo económico pero sobre todo, se refiere a las necesidades de modelar un comportamiento colectivo que permita en breve plazo contar con una juventud dispuesta a brindarse con entereza a la construcción de un gran país.

Conformar el marco teórico de esta área del conocimiento exige ser reflexivamente crítico en torno a las conveniencias nacionales, estar ubicado en cuanto a su prospección en el tiempo y a no descuidar su viabilidad en términos de presente.

Vale la pena, ahondar en las raíces teóricas de esta Educación para el Trabajo, con el propósito de conocer las motivaciones de fondo que sustentan de manera integral y ecléctica de esta área y que  se  presenta  como  un  ideal,  una  utopía  que  es  al  mismo  tiempo  reflejo  de  realidades existentes, esperanza de un futuro mejor y fuente generadora de acciones que conduzcan a una auténtica renovación en su ámbito.

Insignes maestros como Simón Rodríguez y Cecilio Acosta consideraban al trabajo "como un medio privilegiado para formar ciudadanos y tener repúblicas estables y prósperas" (Cf. Pérez- Esclarín, A. Simón Rodríguez, Un apasionado de la Educación).

 

I. DIMENSION ANTROPOLOGICA DE LA EDUCACION PARA EL TRABAJO

 

El trabajo constituye una experiencia fundamental de la experiencia humana. Ha producido éxitos y fracasos pero, sobre todo a modelado las personas y la sociedad, en su carácter externo sino con mayor énfasis en su carácter interno, íntimo, donde el hombre elabora el sentido de la existencia.

En torno al trabajo se asumen fuerzas diversas que con variadas intenciones concurren en el mejor de los casos, a una visión plena y a un desarrollo total de sus potencialidades.

Un  aspecto  que  surge  con  fuerza  de  la  historia  es  que  el  trabajo  ha  pasado  de  fenómeno individual en función del propio sustento a la categoría de "cultura". No sólo porque los trabajadores han desarrollado una conciencia colectiva que se expresa en movimientos, acciones y hechos que tienden a crear una sociedad diversa en la cual se destaca la solidaridad, la humanización del trabajo, el protagonismo del pueblo como conjunto que forman comunidad política, sino sobre todo porque el trabajo ha permitido nacer nuevos modelos culturales: conocimientos    renovadores,    áreas    de   desarrollo    personal,    actitudes    ante    la    vida   y comportamientos sociales, ideales comunes, praxis política. Todo esto ha originado una forma de


convivencia en que la creación y la actividad productiva es el norte del ser humano, crea energía social fundamentado en una solidaridad universal por encima de fronteras nacionales, es factor de humanización y lugar de encuentro de integración.

En el mundo del trabajo predomina hoy una interpretación de la realidad histórica basada en la "pretensión" del hombre de existir sobre la base de su propio juicio, de la propia fuerza y de la propia responsabilidad. Guardini (1.968; 160), al respecto dice: "El hombre ha tomado sobre sus hombros la empresa de existir absolutamente, sin ser el mismo absoluto".

Sobre esta ideología del hombre-praxis, el trabajador queda reducido a simple engranaje de los cambios socio-económicos.

En la perspectiva de la concepción humanista, se hace indispensable la relación entre Educación y trabajo, ya que es a través del trabajo que el ser humano proyecta a su ser, como persona, sus sentimientos. El trabajó no es un apéndice del hombre, es su forma de ser y de vivir; con el trabajo se realiza como persona. Valcarcer (1.973; 285) ratifica la posición al expresar: "El trabajo es una expresión vital y al mismo tiempo una manera de leer la propia vida".

El trabajo es pues un componente fundamental del entero proceso formativo.

La Educación para el Trabajo busca, asegurar en el futuro una progresiva toma de conciencia de su propia identidad personal y de sus propias capacidades, una progresiva conciencia critica de las conquistas de la civilización tecnológica, una creciente adaptación de las necesidades cognoscitivas y operativas de las personas a las exigencias de profesionalización del propio entorno socio-cultural, una mejor adaptación en la vida en sociedad, un desarrollo de habilidades que faciliten la comprensión del proceso productivo en su compleja articulación con los cambios sociales.

Desde este punto de vista la Educación para el trabajo no busca tanto la calidad de la actividad laboral productiva, sino fundamentalmente la calidad del hombre que produce o mejor aún del proceso a través del cual, el hombre con su trabajo construye su propio proyecto de vida, expresa su identidad de sujeto responsable y se comunica en cierta manera a si mismo como sujeto.

Pero una visión antropológica de la Educación para el Trabajo no puede dejar de considerar al hombre como "un ser organizado en el tiempo y en el espacio que su conciencia intencionada capta y trasciende". Es decir un ser histórico, que se realiza a través de la transformación del mundo, de la praxis.

Esta condición histórica del hombre hace que la Educación para el trabajo, sea considerada como esfuerzo constante de recreación y transformación del mundo, como proceso creador que lleva implícito un compromiso con la transformación y humanización de la sociedad.

 

II. DIMENSION PSICO-SOCIAL DE LA EDUCACION PARA EL TRABAJO

 

Al principio el hombre asignaba un valor negativo al trabajo. Luego en la edad media, el trabajo asumió valores positivos, la productividad alcanzó una condición digna y llegó incluso a convertirse en una obligación moral.

El cambio fundamental de actitud hacia el trabajo comenzó con la Revolución Industrial (siglo XVIII), introdujo cambios radicales en la naturaleza de las funciones laborales dentro de la familia. Es allí cuando se cimenta la idea de que el trabajo no es solo útil, necesario para la subsistencia, sino que se piensa -de acuerdo a los avances de la psicología- que el trabajo lo conforman un conjunto de experiencias y una serie de tareas que han de realizarse para obtener satisfacción personal y realización psicológica. Incluso Freud, llegó afirmar que el hombre maduro era aquel capaz de amar y trabajar.


La concepción del trabajo a sufrido cambios aunado a todos los problemas socio-políticos y económicos, es así como surgen programas inspirados en la psicología y la pedagogía, cuyo objetivo es orientar a los futuros trabajadores en la elección de un oficio y en la mejor manera como se efectúan procesos de entrenamiento y capacitación laboral.

La Orientación le da una respuesta significativa a la problemática presente, sobre todo a través de la corriente destinada a facilitar la elección de los diferentes empleos y ayudar al alumno a conocer sus propias actitudes y limitaciones.

Uno de los campos de acción más importantes de la Orientación Vocacional, es por tanto el de la Educación para el trabajo, orientada a las necesidades del individuo y de la comunidad. El descubrimiento de los talentos potenciales y reales del estudiante y la dirección de estos hacia campos específicos de actividad tienden a producir una relación mas armónica entre el individuo y su medio social.

 

III. DIMENSION EDUCATIVO-POPULAR DE LA EDUCATION PARA EL TRABAJO

 

La III Conferencia del Episcopado Latinoamericano, realizó una opción de atención prioritaria a los mas pobres del Continente, especifica textualmente: "Los pobres merecen una atención preferencial cualquiera que sea la situación moral o personal en que se encuentren".

La opción por los más necesitados, se traduce en una actitud de verdadera promoción humana hacia aquellos grupos sociales signados por la marginalidad, los estados carenciales, así como las mas diversas formas de desviación social, fruto de la desigualdad de los desequilibrios económicos en América Latina. Fundamentado en lo anterior, proyecta "actividades" que ayuden a despertar la conciencia de¡ hombre en todas sus dimensiones y valerse por sí mismo para ser protagonista de su propio desarrollo humano y cristiano. No se trata de actividades dirigidas a evadir los conflictos y las tensiones sociales. No es "asistencialismo", sino visto con la óptica de la justicia. Y connota... "la educación, actividad humana del orden de la cultura, que tiene una finalidad socialmente humanizadora", esta llamada a contribuir a la promoción personal y comunitaria de los más pobres, liberándolos de los condicionamientos que les impiden vivir plenamente como hombres.

Desde este punto de vista educativo, la opción por lo más pobres se concretiza a través de la "Educación Popular", entendida como un proceso histórico y social que, desde la inserción real en el medio popular tiende a la promoción de las personas y las comunidades, para que sean conscientes de sus potencialidades y valores, adquieran la capacidad de decidir sobre su vida y futuro y se construyan así en protagonistas de su propio crecimiento.

En este sentido la Educación para el Trabajo se impone como una de las alternativas mas válidas de promoción, concientización y formación para la vida y el trabajo productivo.

 

IV. DIMENSION SOCIO-POLÍTICA DE LA EDUCATION PARA EL TRABAJO

 

La educación tiene una finalidad política, porque sus objetivos miran a humanizar y personalizar al hombre, integrándolo al proceso social latinoamericano. Para esto, según la III Conferencia Episcopal  debe  "ejercer  la  función  crítica  propia  de  la  verdadera  educación,  procurando regenerar permanentemente desde el ángulo de la educación, las pautas culturales y las normas de interacción social que posibiliten la creación de una nueva sociedad, verdaderamente participativa y fraterna".


Vigano (1.983; 24), connota: "Educar es de por si un acto político, en cuanto supone un modelo previamente establecido de la sociedad históricamente realizable".

La educación socio-política debe estar orientada hacia:

 

El descubrimiento de la injusticia de las estructuras y causas.

 El análisis de la realidad con un método objetivo que permita el descubrimiento de los

mecanismos de poder.

 El compromiso con el cambio de la estructura social injusta, como una exigencia.

 La acción social para la comunidad, dentro de un proyecto de sociedad en la que todos, y

especialmente los que hoy sufren la injusticia, tengan oportunidades de vivir como hombres iguales, dignos, libres y con la dimensión trascendente sostenida y motivada de la fe.

 

En síntesis, la Educación para el Trabajo adquiere toda su validez en la medida en que se inserta es una estrategia global de acción socio-política, es decir, en la medida en que contribuya eficazmente a la transformación liberadora de la sociedad.

 

V. DIMENSION ETICO-RELIGIOSA DE LA EDUCATION PARA EL TRABAJO

 

La incertidumbre que actualmente vive la humanidad, expoliada de todo mito ideológico, privada de seguridad científica, carente de un sistema de valores duradero, exige la recuperación de valores ciertos por encima del relativismo y la arbitrariedad, la atención del ser sobre el tener, en definitiva, la primacía del hombre sobre todas las cosas.

Todos los esfuerzos educativos, deben ir dirigidos a edificar la grandiosidad del hombre y por tanto a defender su acceso a la verdad, su desarrollo moral; a reforzar el patrimonio de sus derechos como son la vida y la dignidad personal; a buscar la justicia social, la paz y la unión de toda la familia humana.

Educar para el trabajo, desde esta perspectiva significa proponer de modo sincero la experiencia cristiana como una llamada de salvación de la vida diaria, como actitud de fe en aquel Dios. Mediante  su  fe  el  hombre  accede  a  una  nueva  dimensión,  a  un  humanismo  trascendente, finalidad suprema del desarrollo personal.

Dentro de esta amplia perspectiva ético-religiosa, se inserta la propuesta de las Instituciones

Salesianas, dedicadas preferentemente a la Educación para el Trabajo.

En la vocación salesiana existe una inclinación hacia la juventud mas necesitada del mundo del trabajo, para promoverla, capacitarla, concientizarla hacia su derecho a la técnica, al uso de los bienes económicos, a la justicia y a la participación.

Educar para el trabajo desde esta óptica, significa introducir a los jóvenes a través de conocimientos y experiencias progresivas y adecuadas, no solo en un proceso de capacitación y producción, sino también y sobre todo en una sociedad en, que las relaciones originadas por el trabajo son determinantes y conflictivas. Ayudarlos a construir una personalidad unificada es formar un trabajador competente y crítico, con aguda conciencia socio-política, con voluntad y capacidad de participación social, con una visión cristiana del mundo y de la historia.


CONCLUSIONES

 

En una visión atenta de la dirección que lleva nuestra sociedad, es urgente superar la ruptura establecida en la concepción del hombre-praxis para que pueda redescubrirse en su integridad de persona humana. Desde la Educación para el Trabajo se hace necesario orientar las intervenciones educativas, verificando si promueve a la persona en el conocimiento de los valores del trabajo, si favorece una relación madura con los semejantes, si capacita en el dominio de un oficio socialmente útil.

 A pesar de que la Educación para el Trabajo ha estado presente desde que el hombre

comenzó a manipular la creación y enriquecerla con su actividad y no obstante de haber sido preocupación de los educadores de todos los tiempos; la mentalidad más difundida es aquella que desvaloriza el trabajo técnico. Parece ser que la Educación para el Trabajo es considerada solamente como un recurso para la promoción ,o recuperación social de destinatarios con modestos niveles de aspiración, por dificultades económicas, falta de estímulos, limitaciones sociales u otros.

 La Educación Católica y específicamente la educación salesiana tendría una aportación

original y urgente que ofrece, rescatando la dimensión ética del trabajo humano.

 La  coyuntura  actual  venezolana  es  mas  que  propicia  para  avanzar  experiencias

significativas en el ámbito, con creatividad y audacia, con espíritu de lucha y constancia y fundamentalmente aunando esfuerzos con los aportes y experiencias que se llevan a cabo tanto a nivel público como privado.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Madrid, 1989.

 III  CONFERENCIA  EPISCOPAL  LATINOAMERICANA.  Conclusiones.  Editorial

Paulinas, Medellín, 1983.

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